sábado, 4 de febrero de 2017

PR-BI 168 “Sendero de las letanías”. Ea (Bizkaia). Matilde Sanz.


Talako ama

Tiene Ea un itinerario balizado, llamado “Sendero de las Letanías” que nos guía sabiamente y de forma cómoda por algunos rincones de su pequeño territorio. Es muy fácil de seguir y adecuado para toda la familia. Se le pueden añadir, además, si las ganas y la curiosidad nos acompañan, un par de cómodas ascensiones; o tres o cuatro, si nos apetece trastear un poco y somos lo suficientemente ambiciosos. Goitiak, 170 m; Txantxola, 190 m; Merezikaburu, 183 m; Larrako tontorra, 167 m.


Uno de los bonitos puentes que atraviesan el Ea erreka


Durante el trayecto vamos a pasar por la ericera y la ermita de San Bartolomé; la calera de Etxebarria; otra calera cerca de los caseríos de Biax y, para terminar con un exquisito sabor de boca, por el mirador de Talako ama con unas magníficas vistas sobre la línea de costa y donde se erige la ermita a la que los marineros acudían a pedir buena mar y buena pesca.

Ericera de San Bartolomé


Etxebarriko karobia
Ogoño desde Bedaroa/Bedarona
Goitiak desde Biax


Calvario en el camino a Talako ama
Talaibidea/Camino a la atalaya
Sumarino muturra desde Talaibidea
Desembocadura del Ea erreka en la playa
Como sugerencia, una vez concluido el sendero balizado, si no hemos ido solos y el grupo se debate entre quedarse a disfrutar de la playa o seguir pateando por el otro margen del erreka, os invito a recorrer un recoleto sendero que tiene su inicio detrás del poco agraciado bloque de viviendas que hay sobre la misma playa. Llega a Sumarino muturra y a Ea lapatza, “playa” de piedras con un acantilado de más de 108 metros a modo de guardaespaldas. Y para no volver por el mismo camino, una pista nos sube hasta casi la cima de Barbaika para concluir poco más adelante, después de pasado el cementerio, en la carretera muy cerca ya de la iglesia de Ea.  

Kai harria y Larrako tontorra desde Sumarino muturra.



Edificio tras el cual nace el sendero a Ea Lapatza



Epílogo. Oda a mi apa.

Si mamá era ama, por lógica infantil papá era forzosamente “apa”. Cosas de niños, tal vez. Entonces yo no sabía euskara.
Aquel apa tan apuesto, de nombre de origen egipcio y cuyo significado, dicen, es salvado de las aguas, estuvo paradójicamente muy vinculado durante su excesivamente corta vida al agua. Sirvió de marinero forzoso, como otros mozos de su tiempo; se ganaba la vida y el pan para sus cuatro hijos trabajando de fontanero. Y su escaso tiempo libre eran el mar y la pesca quienes lo ocupaban.
Cada vez que veo un vertiginoso sendero que quiere tocar el mar, acude de forma muy nítida a mi mente la imagen de uno de aquellos días de pesca. Él iba por delante con las cañas al hombro y los aperos de pesca en una cesta. Muy tieso, sin perder en ningún momento el equilibrio, mientras yo le seguía vacilante por detrás, con el culo arrastras a veces, preguntándome cómo lo hacía él para no resbalar ni tener que echar mano a tierra en ningún momento.

Por eso todavía hoy en día, después de transcurrido tanto tiempo desde que se fuera a echar las cañas a otras aguas, a otro mundo, puedo ni quiero evitar que aquella figura firme y delgada, de pelo prematuramente cano, alejándose de espaldas, vuelva a mi memoria cuando tengo ante mí un empinado sendero que se abre paso hacia el mar.

Otro apa pescando junto al mar, sobre las rocas.


Ea lapatza con su acantilado de más de 108 metros 




1 comentario:

Lucio GTorrens dijo...

Pues sí, creo que tendré que ir un día con los peques para conocer esa ruta.
Un abrazo Mati.
Apa, de toda la vida.