martes, 25 de abril de 2017

Azkillar, un mundo de roca, cuevas y abismo - Matilde Sanz


Cara S de Azkillar y Anboto por su cara E.




Hoy Mari ha pasado la noche en las dependencias de Frailea. Si han compartido lecho o no, nunca lo sabremos.


Mari, aún tumbada con Frailea velando su descanso.




Me acerco hasta Arrázola con esa mezcla de curiosidad y de respeto que siempre llevo en mis visitas a la zona de Anboto. Lanzo una miradita hacia Frailea por ser una cima a la que tengo especial cariño. La primera vez que la ascendí fue, hace ya unos cuantos años, en una decisión de último momento aceptando un lance que Asier formuló como alternativa a una salida que se presentaba tranquila. Excursión de grupo de montaña con fin de fiesta en el txoko de Arrázola. ¿Quién se anima a subir a Frailia? Pues Helena y Matilde, nortzuk bestela?

El día estaba chungo; hay que reconocerlo. Tal vez no era el más indicado para una cumbre como esa. Niebla de la que moja. Ambiente de los que te exige poner más atención que de costumbre. Es de esas ascensiones que recordaré siempre. Así que, cuando vengo a Arrázola, la vista se me va siempre a Frailea.
 





Y de repente la veo. Todavía recostada ajena a las miradas de asombro que yo le estoy lanzando. ¡Pero si es Mari! ¡La muy díscola! Te he pillado, monina, le digo en voz alta con un guiño. Será un secreto entre chicas, ez kezkatu.
Con una inyección de motivación extra, voy hasta Atxekoa para girar a la izquierda y pillar el trazado que recorre el precioso PR-BI 85. Lo sigo parcialmente hasta llegar al lugar donde una tarde me crucé con Basaguren -el subía, yo bajaba- y nos paramos a charlar de sus visitas a la cueva de la dama. Como el día está magnífico y para abrir boca, me permito explorar el supuesto trazado que él sigue para llegar desde este lugar a la Guerriko kobie, paraíso de abismo y roca. En el momento en que pierdo el rastro me doy media vuelta para continuar, sin más pérdida de tiempo, hacia mi objetivo. En una incursión anterior vi rastros de vieja pintura roja en alguna roca. Quiero seguirlos para ver si se puede alcanzar Azkillar por esta vertiente sin demasiadas dificultades.

Esa muela que asoma en el fondo de la imagen es Azkillar.



Acierto a ver una de aquellas huellas y avanzo en plan apache, a veces siguiendo rastros y otras dirigiendo mis pasos hacia donde mi experiencia en montaña me marca. La cosa se va poniendo tiesa y la enorme mole de Anboto, con su inquietante pared E siempre a la vista, acongoja un poco. Los bastones que me han servido de ayuda en la primera parte del recorrido los guardo ahora en la mochila porque me fío más de las manos. Alguna trepadita. La canal que se va haciendo cada vez más exigente. Llego a una zona de cuevas que me deja maravillada. No puedo evitar hacer un vídeo para enviarle a Miguel Ángel. Esto le va a entusiasmar, seguro. Y le hago otro guiño a Mari por todos estos secretos que estoy descubriendo bajo su atenta mirada.
 

Oquedades en la falda de Azkillar.

Pasadizos secretos.


Pero en este lugar es cuando la dificultad se hace mayor. Tiro hacia la derecha para, pegada a la pared de la Torre de Azkillar, avanzar con toda la atención puesta en la salida superior de la canal. Aquí cualquier despiste tonto deja de ser una tontería. Alcanzo el pequeño collado y respiro tranquila. Ya estoy en terreno conocido; ya sé lo que me voy a encontrar a partir de ahora. 
Azkillar desde su cara N.

Azkillar y Udalatx.

La canal de subida por la cara N (drcha) y la vía normal por la S (izda).



No habría subido por donde lo he hecho si no hubiese conocido de antemano cómo era la bajada por la otra vertiente. Descender por la canal no se me antoja apetecible. Buah!, quita, quita.
Hago cumbre en Azkillar, con su doble cima, y tiro un poco para arriba para ver cómo pinta la cosa. Alcanzo la cota de Torre Azkillar que no es una verdadera cima sino parte de la arista que sube a Anboto; no existe collado que los separe o una. Y de repente lo veo. Un precioso arco de piedra me sorprende y me da la bienvenida: Azkillarko Begia. Indescriptible; hay que subir hasta allí y verlo.

¡Jopelinchus! 
Magnífico puente de piedra.


Todavía sigo aquí y ya estoy deseando volver, Mari. 
 
Cara E de Anboto con Azkillar en el centro de la imagen.



2 comentarios:

Lucio GTorrens dijo...

Mari? Anboto? Cueva? De qué me suena eso?
Vaya tarde aquella que pasamos siguiendo los pasos de... Javi se llamaba tu amigo? Trepando por las paredes de Anboto, entre la niebla y un ligero sirimiri, camino de la cueva de Mari. Javi con su makila en la mano y nosotros detrás intentando seguir su ritmo. Para cuando llegamos ya nos tenía hasta instalada la cuerda a modo de pasamanos. Yo me preguntaba que para qué hacía falta cuerda, ajeno al inmenso abismo que había bajo nuestros pies oculto por la niebla. Si se entera quien yo me se de por donde me meto aveces... Pero veo que tu también tienes esa vena aventurera porque mira que subir por ahí con la única referencia del recuerdo de unas difuminadas marcas de pintura. Un abrazo Mati.

hamlet dijo...

Me acuerdo, Lucio, me acuerdo. Que hay cosas que difícilmente se olvidan. Recuerdo las miradas de incredulidad que nos echábamos tú y yo preguntándonos sin palabras qué demonios hacíamos allí con una tarde como aquella. Tampoco se me olvida que llegamos a Arrázola ya de noche, con una mezcla de satisfacción y alivio muy grande. Pero ahora somos un poco más viejos y bastante más prudentes. Ja, ja, ja.